Luis Caputo presentó su programa financiero con una tranquilidad que los números no parecen compartir.
Según el ministro, la Argentina tiene garantizados los recursos necesarios para afrontar los vencimientos de deuda hasta el final del mandato.
El problema es que una parte considerable de esos dólares todavía no existe.
Otra depende de decisiones que se toman en Washington o Beijing.
Y una tercera descansa en la posibilidad de vender patrimonio público.
La solvencia quedó depositada en un futuro que se anuncia generoso, mientras el presente se vuelve cada vez más raquítico.
La presentación tuvo mucho de prestidigitación financiera. Para lo que restaba de 2026 calculó necesidades por 19.200 millones de dólares y fuentes por 22.900 millones. Un excedente de 3.700 millones. Para 2027, las necesidades y los recursos previstos coinciden exactamente en 24.900 millones.
Ni un dólar de margen.
Una arquitectura equilibrada sobre el papel, pero sujeta a que se cumplan todos los supuestos. Y algunos de ellos ya empezaron a fallar.
El remate de la solvencia
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